¿Y qué voy a hacer con el frío embistiéndome el cuerpo?
¿Qué he de pensar si en tus letras no me encuentro?
¿Dónde marcharé ahora que no hay refugio?
¿De quién hablarán mis versos si te mato?
¿En qué momento descansará mi mente si finjo olvido?
No poseo talento para lo dialógico,
todo lo que tengo está en el umbral de mi mente
y fluye hacia la punta de mis dedos.
Tan poco, quizá nada,
lo sé, y es vano.
¿Quién ha de amarte en tu desvarío?
¿Quién ha de cantarte cuando cerrás los ojos?
¿Quién podrá amarte en la imperfección como yo?
Ninguna, cualquiera.
Mas dudá... dudá que con mi sinceridad.
Dudá de la cordura, y de sus palabras,
dudá de esas melodías ya escuchadas.
¿Qué saben de amar quienes
en su mundo pseudo perfecto
siempre necesitan más superficialidad?
¿Qué sabrán de amarte sí sus ídolos
son terrenales, vulgares?
¿Qué sabrás vos de amar?
Vos que vivís esperando y que ni siquiera mi nada,
que es todo lo que tengo, te alcanzó.
“¿Y qué hago?”,
grita en silencio mi alma pudriéndose.
¿Dónde vuelco todo el amor de mi cuerpo
y de mi espíritu
que son tuyos?
¡Ay, con todo lo que te amo
no pude lograr que te escurrieras de mis manos!
¿Qué hago con los miércoles y los sábados?
¿Los reciclo en otra piel? ¿En varias?
¿Qué hago con la intolerancia de mis sentidos?
¡Ay, con lo que te amo no pude con tu impaciencia!
Y nos extraño,
mi sonrisa duerme en tu futón
y camina por la avenida principal de
esta ahora lúgubre ciudad.
¿Dónde quedarán tus pretensiones
jamás expuestas?
¡Cuánta cobardía… la tuya, la mía!
Y todas mis fantasías acabaron desplomadas
en el subsuelo de tus expectativas.
Mi desgracia siempre detrás,
las caídas constantes
se hacen eco en mí ser.
Tus ojos, mi amor, tus ojos...
siguen frente a los míos, y
la neurosis en tu cordura
deambula en mi cabeza,
me mata y revive para volver a matarme.
Nunca con el sentir tan claro he escrito,
nunca con el corazón tan abierto…
¡Y qué inútil!
Suficiente para mí.
Bien supe escribir tantos versos
en los que mi inconsciente te hallaba
y cientos de estrofas que por vos clamaban.
La cordura planta bandera hoy en mí
y pone fin a esta sinrazón.
Con lo que me resta de corazón,
con el alma muerta
pronuncio por vez última tu nombre y
me fumo las lágrimas.
El dolor despide a estos
pedazos nuestros plasmados en mis letras.
Desangrada grito que es el final…
el final para las mil poesías de amor
que estas manos te escribían.
Éste sin título es el mejor de toda la saga. Muy bueno.
ResponderEliminarUna selección de los que me han hecho sentir bastante cómoda cuando los volví a leer. Gracias por leer :)
EliminarUna selección de los que me han hecho sentir bastante cómoda cuando los volví a leer. Gracias por leerme :)
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