Me perdí en algún estribillo.
¿Qué escribía?
Suicidé las musas,
incendié el resplandor.
Borré las cintas,
ya no quedan testigos.
No.
Iba a voltearme a mirar,
lo juro por su dios.
Incliné la cabeza y me sangró
el corazón,
no lo pensé tanto:
cinta aislante a la voz.
Ahora ya no grita,
ahora ya no llora
ni siquiera es historia.
¿Existió?
¿Sobre qué escribía?
Perdón,
me perdí en la segunda estrofa.
Desenfoqué los ojos ,
ya no los miró.
No me diga que están ahí,
yo no los veo.
Gris sobre vivo,
todo parece tan viejo.
No es contemporáneo,
yo no lo conozco.
¿A quién espero?
Ya no pienso,
ya no me acuerdo.
ya no pierdo el tiempo.
No me pregunte.
No tengo prisa,
estoy de paso.
Siempre haciendo nada,
yendo a todas partes,
quedándome en ningún sitio.
¿Qué es esa cosa flotando en la mejilla?
Oh, mire, se lo dibujo:
un sentimiento partido al medio.
¿Qué tiene mi rostro?
De cerca se ve mejor:
una mirada muerta,
una sonrisa olvidada
y la vergüenza mirando al suelo.
¿Si conocí el cielo?
Debo haberlo olvidado
en el bolsillo de esa camisa,
en la cita de aquella esquina quizá,
o en su cara al despertar.
Me estoy tropezando,
hágase a un lado,
estoy olvidando.
No me pregunte,
los recuerdos están supurando.
Me aturde,
¡Callesé, bandido!
¡Suelteme!
Suelteme que lo estoy borrando.
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